© Lilián Azañón FernándezLa invasión
El intrépido capitán daba instrucciones a sus reclutas:
–Ha llegado nuestro momento. Después de tanto tiempo, ¡los invadiremos! Estamos a la espera de refuerzos y todavía no han llegado. Aún así, el tiempo apremia, compañeros. Con ayuda o no, ¡atacaremos! Soldados, ¡prepárense!
–¡Estamos preparados, señor!
Por contra, el astuto cabecilla del frente defensivo motivaba a sus tropas:
–¡Resistiremos, vaya si resistiremos! Hemos trabajado demasiado para que esos desalmados nos arrebaten lo que es nuestro. ¡No nos vencerán! ¿Estáis conmigo?
–¡Sí, estamos!
Ella, estratégicamente, había dispuesto apoyo acuático y aéreo. Sobrevolando el cielo, el helicóptero de los Pinypon. En la bañera, los amenazantes cañones del barco pirata de Playmobil. Después de meses de tener que compartir su cuarto, la lucha era encarnizada. Por suerte, sus barriguitas habían acorralado a los muñecos de acción de su hermano, marcando el final de la guerra, y así lo recuperaba.

© Lilián Azañón Fernández
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