Imagen que muestra el título escrito del Microlocko: "El premio".© Lilián Azañón Fernández

El premio

“Míralo. ¿¡Cómo puede estar contento!? ¡Si está por debajo de mí! Si siempre los venzo a todos y nadie me arrebata el primer puesto. ¿¡Por qué tanto júbilo y celebración!? ¿Acaso no se da cuenta de que soy mejor? Ninguno de ellos supone un verdadero rival para mí. ¡No lo entiendo! Soy quien prepara los textos más destacados, quien revisa una y otra vez cada término, buscando que cuadre al milímetro y con minuciosidad analiza cada frase, sentencia o expresión. Aún así, repetí aquella palabra…”

¡Esto es estupendo! ¡No lo esperaba! ¿!Quién iba a decirme a mí, que mi absurda historia del ratón que se come al gato iba a ser premiada!? ¡Qué locura! Si escribí lo primero que se me vino a la cabeza y era una fábula disparatada. Pero mira, no hay mal que por bien no venga y, si he ganado un premio, voy a celebrarlo como se merece. Me siento orgulloso, ¡qué quieres que te diga! Obtener un trofeo por algo que simplemente es una afición, sienta genial”.