Imagen que muestra el título escrito del Microlocko: "El domador".© Lilián Azañón Fernández

El domador

Dicen que la música amansa a las fieras. ¡Buena técnica para domar! Mas hay educadores que prefieren otros métodos, probablemente, según ellos, más efectivos y directos. Para domar al león y no dejar que se suba a tu chepa, lo cual consideras un agravio, aunque este no te coma, usas como artífice de la doma, el látigo. Su simple amenaza al felino atenaza y ante el miedo incluso en ocasiones su uso no es necesario, pues utilizas como filo el dolor imaginario. Pero tú decides cuándo pasa. Cuándo golpeas en el hocico o en el lomo a quien consideras fiera. Mas el golpe en el lomo duele, la fiera no se mueve y de este modo queda quieta. Como consecuencia, más hiriente es la herida, que el impacto que da contra el lomo o el hocico, ante un público pasivo, igualmente adiestrado, que por ello no interviene. Sobre todo cuando la fiera no existe. Ese lomo es mi espalda, ese hocico es mi rostro y el látigo, tu cinturón. Vil e impasible domador fuiste, padre.