© Lilián Azañón FernándezCon todo el corazón
De entre todos mis hermanos soy el mediano. Debo decir con orgullo que, de todos, soy el mejor. El de mayor importancia, el más preciado por quien me quiere y el más alto. No sé si decir también el más guapo, ¿¡por qué no!? Soy bien parecido y el más estilizado. Por otro lado, soy el más parco en palabras, pero no las necesito, pues con solo mi presencia se entiende por donde voy. En la mayoría de las situaciones soy el más coherente y libre y, aunque intento controlarlo, también resulto un poquito visceral. ¡Qué voy a hacer! Es lo que hay cuando se tiene carácter. Y de ese… tengo bastante. El primero de mis hermanos no es guapo ni alto ni importante ni estilizado. Mas, por su buen carácter, todo le parece bien. Sea lo que sea, la mayoría de las veces, a todo le da un ok. El segundo se semeja un tanto a mí. Tiene más personalidad, aunque nos agobia a todos, pues es demasiado mandón. Siempre dando instrucciones, indicando lo está bien y lo que no. El menor, considerado bien educado, es un pijo redomado. Y al siguiente mayor le encantan los accesorios. Yo los considero a ambos un par de insulsos, pues es raro que intervengan en alguna situación. Sin embargo, yo, mostrando mi más sincera opinión, sin mediar palabra, me vengo arriba de forma excesivamente fácil ante la hipocresía. No porque sea un chulo, sino porque los hipócritas me sacan de mis casillas y considero mejor mandarlos a tomar por…

© Lilián Azañón Fernández
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