© Lilián Azañón FernándezLujuria
“A mi me gustan todas”. Fue la frase que dijo mi marido cuando nos conocimos. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que me gustan mucho más a mí. Y es que me encanta deleitarme en los placeres de su carne. Sobre todo de las que son… suaves y dulces. Aunque las maduras y arrugadas también me van. Me encantan jugosas y que, jugando con mi lengua, se derritan en mi boca como yo me deshago en agua al gozar con ellas. Mientras lo hago disfruto, pero en el momento que se acaba dentro de mí se desata el remordimiento.
Dicen que la clave de la convivencia en pareja, es la comunicación y la sinceridad. Por eso me arrepiento y llevarlo en secreto me avergüenza todavía más. Me siento sucia. Vivo condicionada por el miedo a ser descubierta. ¡Y si un día me pillara…! ¿¡Qué pensaría de mí!? Si el me viera… con la cabeza metida en la sandía disfrutando a mordiscos ¡a cuatro carrillos!, comiéndome un mango maduro, toda entafarrada, o chupando con lascivia un lichi…

© Lilián Azañón Fernández
© Lilián Azañón Fernández