Imagen que muestra el título escrito del Microlocko: "Incongruencia ecológica".© Lilián Azañón Fernández

Incongruencia ecológica

Mi amiga Ana siempre anda con prisas y estresada. En el trabajo compra al menos un par de cafés de máquina, de esos que te dan en vaso con un palito para removerlo, ambos de plástico. Durante la mañana visita varias veces la máquina expendedora en busca de algún tipo de chuche: unas galletitas, unos frutos secos, unos chicles… No gusta de cocinar en casa, según ella, la escasez de tiempo no se lo permite, aunque realmente es que no le agrada demasiado. Su despensa está llena de bolsas de chucherías, latas de conserva, platos preparados y multitud de tarros de encurtidos. En su nevera, una gran cantidad de envases de un solo uso de embutidos diversos para hacerse, por si le apetece, algo más sano que sus paquetes de crujientes triángulos de maíz preferidos. Los viernes, camino a casa, realiza toda la compra en el centro comercial, no sin antes tomarse con sus amigas los tres quintos de cerveza de rigor, servidos en fríos botellines de vidrio.

Resulta irónico verla tan concienciada, hablando sobre el cambio climático, el ecologismo y la economía circular, con su ropa de lino, su bolso de corcho y su calzado de cáñamo.