© Lilián Azañón FernándezEl detalle
Tú, que pasas todos los días a mi lado y ni siquiera me diriges la mirada. ¡Eh, tú! ¡Sí, tú! Estoy diciéndote a ti.
Siempre caminas enfocado hacia delante sin fijarte en lo que hay a tu alrededor, pues vas a toda prisa. Para. Descansa. Respira… Aunque solo sea un momento. Mira el dulce rostro de esa niña que sonríe y luego llora al escaparse su globo. Observa cómo sigue su trayectoria hacia arriba, dirigiendo la vista al cielo, y contempla el modo en que las lágrimas cesan y la alegría la embarga de nuevo, al descubrir las esponjosas nubes que suavemente lo acarician. Y tú, respira. Hazlo simplemente por un instante, ya que lo que ves delante seguirá estando ahí y lo que dejas atrás puede que nunca vuelva.
Ahora ve, corre hacia a tu objetivo y consíguelo. Pero mientras, disfruta del camino.

© Lilián Azañón Fernández
© Lilián Azañón Fernández