Imagen que muestra el título escrito del Microlocko: "Desidia contemporánea".© Lilián Azañón Fernández

Desidia contemporánea

Hoy he hablado conmigo misma. Me he escuchado por primera vez sin interrumpirme y me he dado cuenta de que no tengo gran conversación. La mayoría de las veces repito las cosas como un loro, como las he oído a otros decir, sin pararme a razonar realmente lo que pienso. No sé. Quizá tenga poca capacidad intelectual o probablemente me resulte más cómodo dejarme arrastrar por lo que me digan, que tratar de tener mi propio criterio. No me cuestiono nada. Total, ¿¡para qué!? Piense lo que piense, haga lo que haga y diga lo que diga, es más fácil reproducir lo que me dictan, que analizar cualquier situación y expresarme con mis propias palabras. Eso de exprimir el cerebro es demasiado cansado. Mejor no estresarme en pensar cuando simplemente puedo repetir y dejarme llevar. Por ejemplo, esta mañana cuando estaba en el banco me preguntaba el porqué de algo. Y, como os he dicho, escuchar, me escuché, sin embargo, imagina la vagueza de mi mente que en vez de buscar respuesta, simplemente lo dejé pasar y ni siquiera recuerdo qué me cuestionaba. Seguro que era una tontería.

Pero ahora tengo que irme. Debo reunirme con mis nuevos hermanos y dejar a nuestro líder este cheque en sus divinas manos. Dice que allí transmutarán en energía para mejorar el equilibrio universal y así conseguiré alcanzar un nivel superior.