Imagen que muestra el título escrito del Microlocko: "Ofendidillo".© Lilián Azañón Fernández

Ofendidillo”

Mi pie derecho es un mal tomado. Mira que se lo he dicho veces, que no se tome las cosas tan a pecho, que nadie puede hacerle daño si él no quiere. Bueno, sí. Mis zapatos sí. Mas eso depende de mí, y sabe que nunca haría algo que pudiera perjudicarlo conscientemente. Pero nada. No me hace ningún caso. Tiende a molestarse y cualquier cosa le ofende. Creo que no me ha perdonado lo de la fascitis plantar. “Me maltrataste. Me exigiste demasiado y acabaste conmigo. ¿¡Cómo puedo confiar en ti!?”.

En parte tiene razón. Además, por otro lado, estar todo el día acompañado por un pie izquierdo tan quedón, no es fácil. Tiene la costumbre de salir siempre el primero y chilla: “¿A que no me pillas, retrasado?” Enfatiza con sarcasmo esta última palabra y, claro, un pie tan mal tomado como mi derecho… ¿¡por dónde se lo va a tomar!? Por el insulto, por supuesto. No se da cuenta de que el zurdo es un poco imbécil y lo hace todo por fastidiar. A cada paso, le llama: “Retrasado, restrasado, retrasado…”. Y mi diestro, ciego por la ira, no repara en que, cada vez que avanza, el otro también queda atrás, siendo tan retrasado como él… o más.