Imagen que muestra el título escrito del Microlocko: "La lucha".© Lilián Azañón Fernández

La lucha

Camaradas, creo que todos estarán de acuerdo conmigo en que es hora de que pongamos las cosas en orden. Es momento de luchar por lo que es nuestro, de dar un puñetazo en la mesa, de colocar los puntos sobre las íes, de reivindicar nuestro derechos y ponernos en huelga si es necesario. Ya está bien de que no nos escuchen, ya está bien de que nos vilipendien, nos machaquen y torturen. Imagino que todos vosotros, repito, todos y cada uno de vosotros habréis perdido un ser querido o familiar en esta guerra. Ellos son quienes tienen las manos manchadas con nuestra sangre. Nos arrancan de nuestras tierras, nos despojan de nuestras raíces y nos convierten en seres inútiles, desvalidos sin identidad. ¡En sus esclavos! No somos un número. No somos un simple producto de esta putrefacta sociedad en que vivimos. Sí, muy señores míos, esto está sucediendo y, en los días que corremos, cada día más.

Nos están privando de uno de los derechos más inalieneables: el derecho a la vida, señores. Sí. Han oído bien. El derecho a la vida. ¡Nos lo están quitando! A algunos de nosotros nos llevan a cárceles, siendo privados de libertad, nos restringen la comida y solamente nos permiten agua. Y esos hijos, sí. Esos pequeños que nacen en esas prisiones y se les deniega disfrutar del aire libre. Muchos de ellos, ¡ni siquiera saben que existe! Algunos somos esterilizados sin consentimiento. ¡Incluso intoxicados! Somos su objetivo. Se está cometiendo un genocidio y el número de muertes se está incrementando a nivel exponencial. Así que, compañeros, ya es la hora. Debemos ponernos en pie y luchar por lo que nuestro. Tampoco es tanto lo que pedimos. Luchamos por nuestros derechos. ¡Basta ya!

Limones, háganse tan agrios que ningún paladar humano pueda con ustedes. Patatas, háganse tan duras que nadie las pueda pelar. Cebollas, sean lo más insípidas que puedan cuando las cocinen y agríense en crudo al máximo. Ajos, piquen tanto que…